Ideas Peregrinas: El Libro de Plástico
El niño que bailaba bajo la luna

Réquiem por un sueño. Los amarillentos pliegos se agitan trémulos entre las manos engarfiadas del Bibliotecario Topo. Poco importa. El sueño pugna, aun con tintes de pesadilla, por abandonar su retiro en el sepulcro.

Os presentamos al libro de plástico, una idea que nació leyendo un artículo de Arturo Pérez Reverte y que devino invención gracias a media docena de estudiantes de ingeniería de la Universidad de Zaragoza, algunos otros personajes y cientos de peripecias que ya he explicado en relatos como El libro de plástico: ilusión, paranoia y traición en ocho actos, de próxima publicación.

De momento, aquí os dejo con la parte técnica del sueño, ésa que lo hace realidad y que quizás será la más interesante para los que no vean un sueño pasado en este proyecto, sino una esperanza futura.



A la izquierda, El niño que bailaba bajo la luna, el libro piloto que desarrollamos con la Universidad de Zaragoza durante la creación de la patente
El origen de la invención

Los libros que se imprimen actualmente tienen una vida media bastante limitada. Las ediciones de bolsillo estándar quedan inservibles pasados unos cuarenta años. ¿Por qué resignarnos a que los libros, un bien muy preciado, estén sujetos a un tal deterioro? En la antigüedad se fabricaban de materiales mucho más duraderos (papiro, piel), pero que en la actualidad no son competitivos.

Por el contrario, productos de escaso interés y utilidad, o con una vida media muy corta, resultan auténticas plagas medioambientales. Motivo: están realizados a partir de materiales tremendamente resistentes y baratos, los plásticos.

La solución a ambos problemas se presenta sencilla: hacer libros de plástico, transformar basura en cultura.

Utilidades de la invención

Realizar libros de papel sintético no es sólo eliminar el plástico del entorno utilizándolo en productos de gran interés y con la posibilidad de reciclado. También es revolucionar el mercado editorial.

Nuestros libros de papel sintético son impermeables, con lo cual presentan una gran resistencia a todos los agentes líquidos del ambiente (desde la lluvia hasta el café de un lector descuidado) que arruinarían un libro convencional. Esta misma característica permite lavar el libro, eliminando manchas de tinta (o las respuestas del hermano mayor en los libros de texto), de grasa, de comida o de cualquier otro tipo.

De este modo resulta ideal para manuales técnicos para talleres y quirófanos, libros de cocina, de educación especial o convencional, manuales de campo, planos técnicos, material bibliográfico, ediciones de coleccionista, etc…

El material sintético que utilizamos presenta también una muy superior resistencia a la tensión y al desgaste. Esto, unido a su gran resistencia a los elementos agresivos tradicionales de los libros (el sudor y la grasa de los dedos), los convierte en ideales para cualquier biblioteca, cuyas colecciones aumentarían su vida media en muchísimos años. De este modo se reducirían los costes de renovación de archivos, lo que representaría una gran mejora para la cultura en el mundo.

En determinados entornos y regiones del mundo, estas características de resistencia son cruciales, como zonas de playa u otros lugares dónde la humedad ambiental sea elevada. Otra de sus aplicaciones, tal vez la más impresionante, es como libro de submarinismo, pues puede permanecer totalmente sumergido durante días sin sufrir daño alguno en su estructura.

Materiales utilizados en la invención

La base de nuestro libro de papel sintético es un polímero llamado polipropileno. Este plástico es totalmente reciclable, lo que da una idea de las posibilidades de este proyecto. Contamos con una materia prima que se puede obtener a partir de los más enconados residuos del petróleo, y que no estará sujeta a una subida de precio cuando las reservas de este combustible fósil escaseen. A partir de un residuo obtenemos un producto de mayores prestaciones que los actuales, evitando al mismo tiempo la tala de bosques para obtener pasta de celulosa y el uso de blanqueantes a base de cloro para el reciclado de papel, cuyos derivados se encuentran entre los más nocivos del planeta como se recoge en todos los protocolos y directivas internacionales.

Este plástico, asimismo, no produce emisiones más contaminantes que el papel tradicional cuando se quema, por lo que su impacto ambiental es exactamente idéntico, como residuo, que el de los libros convencionales. Insistimos en la idea “como residuo”, pues como ya hemos expuesto resulta más ecológico realizar libros de plástico que libros de papel de celulosa.

Las tintas utilizadas, así como las colas, a pesar de haber sido elegidas y tratadas para obtener las especificaciones que requería nuestro producto final, no comportan mayores riesgos medioambientales ni incorporan componentes más tóxicos que las tintas y las colas convencionales.

Estudios realizados en el Instituto Tecnológico de Aragón prueban, además, su no toxicidad, necesaria para publicaciones infantiles y de educación especial, y su larga vida, ya que no envejece como el papel de celulosa.

El producto final presenta idéntica apariencia a la de un libro normal, pero aporta numerosas mejoras al mismo. Con el mismo grosor de página, el mismo peso específico, la misma textura y brillo, la misma resolución de la impresión, tenemos un libro resistente al agua, a la abrasión y a la tensión, con una vida media muy superior y que además nos permite proteger al medio ambiente.

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Ilustraciones por Jean Gilbert Capietto

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